Gabriela guardó silencio unos segundos.
—Si de verdad no quieres verme, al menos sácame del bloqueo en tu teléfono —añadió Hans, cuyo enojo comenzaba a disiparse—. Gabriela, aquella vez, cuando pedí a mi representante que te contactara para ser invitada especial en nuestro concierto, no era broma. ¿Podrías venir?
—¿No sabías que mi lesión volvió a empeorar? —respondió Gabriela, suavizando su negativa.
—No necesitas bailar. ¡Solo estar ahí, con nosotros! —exclamó Hans, desesperado por convencerla