—Bueno, pero papá la ha aceptado, ¿no? —Anna parpadeó con sus ojos grandes—. Si no estás de acuerdo, ¿por qué no se lo dices directamente a él?
Rebeca se quedó en silencio, mordiéndose los labios con rabia. Luego volteó hacia el resto del grupo:
—¿Así que nadie dice nada? ¿Prefieren no meterse en problemas, no? Está bien, me da igual. Total, mi esposo Dante no pinta nada en esta familia. ¡Si un día llega la ruina, sus pérdidas serán mayores que las nuestras!
Dicho eso, salió dando un portazo. Jo