Mientras hablaba, Santiago suspiró con cansancio. Si él seguía vivo, podía aguantar un poco la presión; pero una vez muerto, Álvaro lo tendría facilísimo para arrasar con la familia Zambrano.
—No sientas que nos debes nada —añadió, con un tono más cálido—. Aunque Cristóbal no sea material para dirigir los negocios, me encargué de dejarle preparada una buena parte al margen del testamento, lejos del alcance de sus hermanos. El día que yo falte, ustedes podrían irse a vivir a un lugar con mejor cl