—Si son un desastre y no destacan, ¿para qué querría acomodarme a ustedes? —Fernanda no dudó en responder con la misma agresividad. Volvió a mirar a Gabriela con rabia—. ¡No acepto este resultado! Exijo otro enfrentamiento.
—No puede ser —replicó Gabriela, moviendo la cabeza con aparente pesadumbre—. Mi lesión no me permite hacer más.
—¡No me importa! —insistió Fernanda, empeñada en su exigencia—. Hoy mismo vas a competir conmigo de nuevo.
—¿Qué demonios quieres decir con eso? ¿No oíste que ella