En cambio, los pasos de Gabriela desbordaban la esencia de la pieza, transmitiendo la sensación de una brisa primaveral que renovaba la tierra, donde retoños verdes brotaban entre la hierba cubierta por lo que quedaba de nieve, y pequeñas flores se abrían bajo la luz dorada del sol. Esa brisa suave parecía deslizarse por todo el escenario y rozar los rostros de la gente, llenándolos de una alegría casi contagiosa.
Fernanda, por su parte, se detuvo a mitad de su coreografía. Alrededor se había co