—¡Cállate! ¡Te advierto que…! —Fernanda pasó del rojo al blanco, sin poder ocultar su furia.
—¿Advertirme de qué? ¿De que me vas a despedir? ¡Perfecto! Más te vale no ahorrarte ni mi indemnización ni mi finiquito cuando lo hagas. ¡Estoy ansiosa por ver qué tan «poderosa» eres! —replicó Marcela, mirándola fijamente.
Fernanda se quedó atónita. Al investigar los antecedentes de Marcela, había asumido que era una simple exestudiante pobre y que, por ser «un bicho insignificante», haría lo que fuera