Todo se fundía en un larguísimo sueño retorcido.
Veía a su padre, y a un segundo «yo» junto a él, sin poder oír con claridad las palabras. Se sentía sumergido bajo el agua, atrapado entre el pánico y el asco, pidiendo a gritos en su interior que regresara su madre.
En otra secuencia, su padre lo retornaba al sótano en una noche incierta, golpeándolo con fusta y bastón sin compasión. Él no entendía qué había hecho mal. Y, como si se superpusieran, también aparecía la escena de Álvaro ya más adult