Justo cuando estaba a punto de llegar, vio cómo la gran puerta eléctrica comenzaba a cerrarse lentamente.
A su lado, Hans también había corrido, cargando a Mía en sus brazos. La pequeña había tropezado mientras intentaba seguir a Gabriela, y Hans la había recogido al vuelo.
—Señorita García, ¿qué está haciendo? La niña está enferma, necesita descansar. No puede llevársela así, sin avisar. ¡Esto no tiene sentido! —El jefe de los guardias, que resultaba ser el esposo de María, los había alcanzado.