—Solo es un malentendido. Los niños son traviesos, ¿por qué llamar a la policía? —María comenzaba a perder el control, el pánico era evidente en su voz.
—¡Señor Saavedra! ¡Señor Saavedra! Esto es un accidente... sobre la inversión... —intentaba justificarse, pero su voz se apagó cuando Álvaro abrió la puerta del coche para que Gabriela subiera. Protegiéndola, guio su cabeza para evitar que se golpeara al entrar.
Antes de que María pudiera decir algo más, Álvaro la fulminó con una mirada fría y d