—Con razón el muchachito que está afuera se sentía tan valiente; parece que lo trae en la sangre, —intervino Álvaro con una sonrisa mordaz.
De inmediato cayó un silencio sepulcral en la sala; se podía escuchar hasta la respiración entrecortada de los presentes. Un escalofrío le recorrió la espalda a Jesús, percatándose por fin de que habían ido demasiado lejos.
—Mi hermana vino a la reunión familiar en mi lugar, —continuó Álvaro—, y acabó acusada de robo en su propia casa, pasando la noche en lo