Hizo una pausa y, de pronto, se puso a llorar:
—Cintia, discúlpame. Fue mi descuido lo que te hizo pasar esa vergüenza tan grande. Por favor, recuerda que somos familia, hermanas; perdóname esta vez. Te juro que no quise acusarte a propósito, fue una desgracia que las cámaras de seguridad fallaran. Con esas imágenes habríamos aclarado todo.
—¿Fallar? —Cintia se enfadó—. ¡Tú misma te quedaste con la memoria del sistema de vigilancia!
—¡Es que no fue así, lo juro! —Vitoria se mordió los labios par