Álvaro estaba intentando encasquetarle a Gabriela un gorro muy feo—pero a simple vista bien calientito.
—¡Hermano, quítale ya esa cosa espantosa de la cabeza a mi cuñada!
En cuanto habló, Cintia le arrebató el gorro y lo lanzó con desprecio sobre el sofá, a unos pasos de distancia.
Gabriela estuvo a punto de soltar una carcajada.
—¿Qué sabrás tú? —Álvaro le lanzó a Cintia una mirada de reojo—. A tu cuñada le encanta esa caricatura y este gorrito es parte del merchandising.
Ignorándolo, Cintia se