El recuerdo atravesó el semblante de Álvaro como una punzada dolorosa.
Gabriela sintió una pizca de decepción. Ahora, era como si a Álvaro nada lo alterara. Hasta resultaba aburrido.
—¿Además de fuegos artificiales? —insistió él, adoptando un tono más suave.
Gabriela apartó la mirada de Álvaro y contempló por la ventana. «Hay tantas cosas…», pensó, pero respondió en voz baja:
—No lo recuerdo.
En su mente, cada uno de los recuerdos de Año Nuevo estaba asociado con Emiliano. Si se colaba de casa e