Álvaro guardó silencio. Se preguntaba si el malestar de Gabriela se debía a que había pedido ayuda a Oliver y Carmen para tramitar el divorcio, y ellos se lo habrían negado.
—No digas tonterías, —replicó en voz baja mientras le daba un golpecito en la cabeza—. Hoy vendrá tu médico a revisar tu pierna después de comer. No te vayas a largar por ahí.
—Ay, si te dije que estoy bien… ¿para qué tanto médico?
Aunque protestó con palabras, la sonrisa en el rostro de Cintia era inconfundible. Para alguie