Álvaro no opuso resistencia; dejó que ella hiciera lo que quisiera.
—¿Por qué no me dejas verte ahora? —preguntó con una ligera risa.
Gabriela lo observó en silencio. Por un segundo sintió el impulso de contarle todo. Sin embargo, su teléfono sonó, rompiendo ese chispazo de sinceridad.
Dio la vuelta para contestar, esforzándose por domar las emociones que amenazaban con desbordarse.
La llamada era de Soren. Gabriela pensó que tal vez Kian había encontrado algo, pero nunca imaginó lo que oyó:
—Se