Encontrar la forma de hacerla feliz se había convertido en el mayor enigma de su vida.
Leandro fue el primero en llegar a la finca.
No llevaba traje ni corbata, más bien vestía como si fuese de visita a casa de un pariente cercano.
Traía regalos muy sencillos y prácticos: pasteles de una famosa marca no disponible al público, toda clase de botanas, una gran variedad de frutas y algunos alimentos más.
Cuando Gabriela bajó, llevaba encima sólo un abrigo adicional, sin lucir el costoso vestido que