—Presumida —farfulló Álvaro en voz baja, sintiendo una punzada de celos.
Aunque, pensándolo bien, esas flores que Gabriela le había dado a Cintia eran sólo una de tantas que había ahí, tomadas al azar de una montaña de ramos.
En cambio, las que alguna vez él recibió de Gabriela habían sido cuidadosamente preparadas por ella.
¿Había comparación posible? Desde luego que no.
Después de todo, si se hablaba de dedicación y amor, él sabía que, en el corazón de Gabriela, había un sitio único y exclusiv