Pero su propuesta fue como pisarle la cola a un gato.
—¡No se puede! —Gabriela lo miró con pánico, y de pronto, aferró su camisa con fuerza, como si lo amenazara—. ¡Álvaro, te lo advertí! ¡No quiero que te acerques a Isla Mar de Cristal!
Su reacción tomó por sorpresa a Álvaro.
—¿Te preocupa tu madre adoptiva…?
No alcanzó a terminar la frase. Gabriela, alterada, lo interrumpió:
—¡En la isla nadie quiere verte! ¡Prométeme que nunca, jamás, irás a Isla Mar de Cristal! ¡Promételo!
—De acuerdo, no ir