Remy estaba aterrorizado.
El miedo que esos hombres le habían causado era tan profundo que se grabó en su memoria.
Durante años, no importaba cuántas mentiras dijera o cuán fanfarrón fuera, nunca habló de ese incidente con nadie.
—¡Me reclamas por ser cruel con mi mamá! ¿Acaso ella no fue cruel conmigo? Ese asesino nos dio trescientos dólares, ¡y cuando llegamos a la capital yo solo quería comerme un muslo de pollo, pero mi mamá ni siquiera quiso comprarlo! Y cuando volvimos a Isla Mar de Crista