538. LA VISITA DE G*****A
ANDREA:
En una casa de la periferia de Roma, Galatea me espera ansiosa hasta que me ve aparecer. Al abrir la puerta, mira alrededor asustada.
—¿Nadie te vio llegar? —pregunta en cuanto cierra la puerta.
—No, Galatea, ya te dije que de mí nadie desconfía —le digo en lo que me siento en un sillón—. Hice las paces con Lilian. Minetti se tragó la píldora, me puso de agente.
—Andy, yo sé que eres muy creído —Galatea se sienta delante de mí—. Pero el tiempo que llevo con el capo Cian me ha demostrado