537. NO PUEDE SER VERDAD
ALESSANDRO:
Camino sin poder dar crédito a mis ojos. Lo hago sin comprender lo que tengo delante de mí. Alargo la mano y rozo la cabeza de la persona detenida frente a mí, que se encoge ante mi toque. Tengo que cerciorarme de que es real, de que es una persona real. Es igual y, al mismo tiempo, diferente a la imagen reflejada en cada foto de la casa. Retrocedo, alejándome mientras repito:
—¡No puede ser verdad, no puede ser verdad! —Giro la cabeza para ver al dragón blanco—. ¡¿Qué broma de ma