529. EL MENSAJE DEL DRAGÓN BLANCO
ALESSANDRO:
La observé fijamente, su mirada oscura como la noche se posó en nosotros con una intensidad que podría haber helado la sangre en las venas de cualquiera. Pero yo no soy cualquiera. Y menos cuando tengo la certeza de que estoy a punto de escuchar algo que no voy a querer oír.
—Hace dos años, más o menos, apareció en casa del abuelo un alemán junto con un ruso y una chica que me recordaba a Lilian —inició a contar luego de sentarse frente a nosotros—. Fueron en busca del apoyo del d