509. UN ENCUENTRO INESPERADO
LUCILA:
En la casa, me quedé mirando las pantallas de la entrada fijamente. En ellas veo reflejada una pareja de ancianos junto a una chica igual a mí, un poco más rellenita. Observo cómo mi tío Acher los abraza y los guía hasta la casa. Corro a la entrada justo a tiempo para ver cómo se bajan del coche.
—¡Oh, Santa Madonna, madre de Dios! —exclama la señora, avanzando hasta donde estoy, asombrada—. ¡Eres el vivo retrato de tu madre! Cuando Axel me lo dijo, no lo podía creer; tuve que venir a v