387. LA PERDÍ
ALESSANDRO:
Miro cómo Lili se aleja en su auto, seguida por Migue, que se ha montado en el de Rufo y la persigue. Mi mejor amigo se ha quedado mirándonos a todos sin comprender nada, hasta que corre a mi auto. No sé qué hacer, ¿por qué diablos hice eso? ¿Qué me importa a mí si es virgen o no? La amo con todo mi ser.
—¡Monta, Alessandro!— me regresa a la realidad el grito de Rufo al volante de mi auto. Lo hago al tiempo que salimos a toda velocidad detrás de ellos.
—¡Pelirrojo, pelirrojo!