386. UN DESCUBRIMIENTO INSÓLITO
LILIAN:
La doctora soltó un suspiro con una media sonrisa que no me hizo gracia en absoluto y luego, respirando profundamente, se inclinó un poco sobre la mesa, mirando a Alessandro directamente a los ojos.
—Muy segura, señor Minetti, su esposa no tiene de qué preocuparse —dijo con una serenidad exasperante.
Los miro a ambos, sintiéndome como una espectadora en una obra cuyo idioma no entiendo. ¿De qué se supone que no debo preocuparme? Mi paciencia estaba llegando al límite.
—¿Preocuparm