385. UNA CONSULTA SIN ANUNCIAR
LILIAN:
Por un segundo, creo que va a contestar, que estaremos atrapados en ese eterno tira y afloja que caracteriza nuestra relación, donde él me esconde todo lo que le sucede. Pero, en lugar de eso, cierra los ojos y suelta un suspiro largo y cansado.
—Ven conmigo —dice al fin, llevándome suavemente del brazo.
—¿Qué hacemos aquí? ¿Qué tienes? —Me detengo para mirarlo muy preocupada, recordando que no estaba en la cama cuando desperté—. ¿Por qué no dejaste que Rufo te examinara?
—Estoy b