384. UNA REACCIÓN DESCONCERTANTE
LILIAN:
No puedo creer lo que estoy escuchando. Mi valiente y temerario amigo, el mismo que siempre se lanzaba a las aventuras más descabelladas conmigo, ahora estaba hecho un manojo de nervios. Lo miro de reojo, incrédula, mientras el rugido del motor llena el carro.
—¡Haz lo que te pido, Migue! Es más, dame acá —le quito el teléfono—. Pelirrojo, nos persiguen, giren y aceleren a todo dar. Ya los alcanzo; me meteré en el medio de ustedes. Son dos autos y tengo el techo abajo, y a esta veloci