377. EL MIEDO DESPUÉS DE LOS HECHOS
MINETTI:
Lilian ríe nerviosamente al verme caminar hacia ella despacio. Le tomo la mano y la llevo a mi intimidad. Trata de resistirse, pero no la dejo. Hago que me acaricie por toda mi longitud, y eso que no estoy erguido por completo.
—¿De veras crees que exagero? —le muerdo el lóbulo de la oreja.
—Eres un exagerado, deja de alardear —pero retira la mano mientras se ruboriza encantadoramente. Luego susurra avergonzada—. Sí entró toda... Lo que pasa es que estaba muy mojada. La sentí enorm