194. LA VISITA DE LOS CONSIGLIERI
MINETTI:
Lilian amplía esa sonrisa adorable que tanto me descoloca, llena de seducción, que hacía que mi corazón latiera con fuerza. Luego se acercó tan despacio como un depredador acechando a su víctima.
—Solo te dolerá si no confías en mí —murmuró mientras mi dedo recorría suavemente su mandíbula hasta detenerme en su cuello, un gesto tan íntimo que me dejó sin aire.
Mi mente se perdió por completo en esos ojos verdes que parecían susurrar deseos que amenazaban con consumirme. De alguna