194. LA VISITA DE LOS CONSIGLIERI
MINETTI:
Lilian amplía esa sonrisa adorable que tanto me descoloca, llena de seducción, que hacía que mi corazón latiera con fuerza. Luego se acercó tan despacio como un depredador acechando a su víctima.
—Solo te dolerá si no confías en mí —murmuró mientras mi dedo recorría suavemente su mandíbula hasta detenerme en su cuello, un gesto tan íntimo que me dejó sin aire.
Mi mente se perdió por completo en esos ojos verdes que parecían susurrar deseos que amenazaban con consumirme. De alguna manera, su toque tenía el poder de anular mi racionalidad, de hacerme querer comérmela allí mismo. Pero antes de que pudiera decir más, fuimos interrumpidos.
—Oigan, tortolitos —nos interrumpe Miguel—, los están buscando.
—¿Quién, Migue? —pregunté enseguida.
—No lo sé, dos tipos raros vestidos de negro, ni que fueran los hombres de negro —rió divertido mientras se dejaba caer al lado de Lilian en la arena—. Dijeron que son sus Consiglieris, señor Minetti.
Al escuchar eso, me puse de