195. AMOR A LO LILI
LILIAN:
Lo observo sin dejar de sonreír; es evidente que su tono áspero no me intimida en lo absoluto. Ladeo la cabeza, con una sonrisa traviesa dibujándose aún más en mis labios rojos, mientras tamborileo con los dedos en el reposabrazos del sillón. Su mirada lo dice todo; esta actitud mía lo desquicia, y lo sabe.
—No quería que te conocieran esos viejos —dice, lleno de celos descontrolados para su propia sorpresa—. ¡Te estaban comiendo con la vista! ¿Y tus piernas? ¿Por qué están descubier