195. AMOR A LO LILI
LILIAN:
Lo observo sin dejar de sonreír; es evidente que su tono áspero no me intimida en lo absoluto. Ladeo la cabeza, con una sonrisa traviesa dibujándose aún más en mis labios rojos, mientras tamborileo con los dedos en el reposabrazos del sillón. Su mirada lo dice todo; esta actitud mía lo desquicia, y lo sabe.
—No quería que te conocieran esos viejos —dice, lleno de celos descontrolados para su propia sorpresa—. ¡Te estaban comiendo con la vista! ¿Y tus piernas? ¿Por qué están descubiertas? ¡Debes obedecer cuando te ordeno algo!
Sigo sonriendo, y eso lo enfurece más porque, aunque lo quiera negar, está visiblemente celoso y furioso de que hiciera esto, más aún porque desobedecí su orden de no salir.
—¿Qué? —pregunto, acercándome provocativamente mientras sonrío pícaramente al ver que logré mi objetivo de ponerlo celoso—. Me parece que se te olvida algo, querido —hablo, tomándole la barbilla con el dedo índice y acercándome casi hasta rozar mis labios pintados de rojo con