177. LAS COSAS DE ADRIANO
EVA:
Suspiré mientras terminaba de escuchar las palabras de Galatea. La rabia contenida en ella era casi tangible, como un cristal a punto de resquebrajarse. Pero algo en su manera de pedir este favor me pareció estúpido. ¿En serio creía que alguien como el Pelirrojo iba a moverse por unas cuantas monedas después de lo que había pasado con Alessandro Minetti? Eso era jugar con fuego. Suspiré nuevamente.
—Hay una cosa que no entiendo, Galatea —la miré antes de preguntar—. ¿Por qué no mandaste a que mataran a Lilian directamente y se la mandamos a Minetti en su boda?
—¿Serás estúpida? —me insultó como siempre—. Si la mato así, Adriano de seguro va a sospechar que fui yo quien lo hizo.
—¿Por qué, si tú estabas aquí en Milano? —insistí, queriendo saber todo.
Sabía que Galatea no era estúpida, pero tampoco era muy inteligente. La ayudaba por el dinero que me daba, así que no averiguara mucho. Yo era más amiga de Andy que de ella. Se puso de pie y miró por la ventana mientras encend