176. LA SITUACIÓN DE G*****A
EVA:
Miraba a Galatea, la gran heredera que se salía con todo lo que se proponía. Solo Adriano se le había resistido; realmente, ella no le gustaba a él, y aunque tenían un contrato de compromiso, era evidente que no estaba enamorado y, a mi entender, estaba buscando la manera de escapar de ello y hacer su propia fortuna.
—Lo sé, lo sé, y eso es lo que me preocupa —dijo visiblemente frustrada—. Lilian es tan dócil, tan leal, tan buena en todo, que Adriano la empezó a mirar diferente. Cuando le reclamé la otra vez, me dijo que me acordara de que lo nuestro solo es un beneficio mutuo.
—¿Por eso fue que se peleó contigo la otra vez? —quise saber—. Llegó molesto y me dijo que se casaría con Lilian, que hacía todo lo que él quería sin chistar, que no le reclamaba, no averiguaba nada de su vida. No se dejaba llevar por los demás y confiaba en él ciegamente. Pero, sobre todo, era hermosa, virgen y que solo la había tocado él. Era la esposa perfecta, me dijo. Yo creo que se enamoró de ver