155. LOS ENREDOS DE ANDY
Andy no contestó. Pasaron unos segundos que parecieron siglos, congelándonos en un abismo de incertidumbre. Solo se limitó a bajar la mirada nuevamente, apretando los labios. Lo conocía lo suficiente como para saber que, por mucho que insistiera, no iba a decirme nada.
—Te lo diré todo el domingo —dijo sin mirarme—. Lo prometo. Buen viaje, llámame cuando llegues.
—Lo haré. Tú también cuídate y llámame cuando llegues —respondí, separándome de él, un poco preocupada.
Mientras me alejaba, mi pensamiento seguía fijo en él. Andy está extraño, ¿qué quiso decir con eso de que sería la última vez? ¿Qué es lo que está pasando con él? ¿Se habrá enterado de lo de mi matrimonio con Minetti? No, no debe ser eso; si lo supiera, me lo habría reclamado.
Al salir del hospital, veo a Humberto y Estefan, pero no están en el taxi, sino en un auto negro.
—¿Qué significa esto? —pregunté al verlos.
—¿Se le olvidó, señorita, que nos vamos hoy para Milán? —preguntó Humberto, muy serio.
—¿Hoy? —d