155. LOS ENREDOS DE ANDY
Andy no contestó. Pasaron unos segundos que parecieron siglos, congelándonos en un abismo de incertidumbre. Solo se limitó a bajar la mirada nuevamente, apretando los labios. Lo conocía lo suficiente como para saber que, por mucho que insistiera, no iba a decirme nada.
—Te lo diré todo el domingo —dijo sin mirarme—. Lo prometo. Buen viaje, llámame cuando llegues.
—Lo haré. Tú también cuídate y llámame cuando llegues —respondí, separándome de él, un poco preocupada.
Mientras me alejaba, mi