156. LA SALIDA AL CLUB EN MILANO
Me quedé observando las caras de Migue y Gina, iluminadas por la emoción. Entrecerré los ojos y tragué lentamente el bocado que aún estaba en mi boca. Todos los ojos estaban puestos en mí; parecía que la decisión estaba en mis manos.
—¿Un club? —pregunté finalmente, sin mucho entusiasmo—. ¿Tengo que ir como la falsa señora Minetti?
—Sí, querida, aquí todo el tiempo, incluso en la casa, tienes que serlo —contestó el señor Minetti—, porque podemos tener visitas inesperadas. Así que nada de an