Mundo ficciónIniciar sesiónMi corazón late con rapidez, aunque no sé bien si es por la presencia intimidante de aquella mujer o por el peso de las palabras de Alessandro. Levanto la mirada solo un instante, lo suficiente para verla detenida frente a nosotros, desafiante. Su sonrisa no se borra, pero tampoco se marcha. Sus movimientos son gráciles, casi teatrales, y me resulta evidente que domina el arte de imponer su presencia en cualquier lugar al que entra.
—Amor, creo que la encontré. ¿Qué te parece esta? —digo, señalando una foto. Alessandro se inclina un poco más, y sonrío. Quiero hacerla esperar, que sienta que no debe interrumpirnos cuando estamos juntos. El señor Minetti entiende lo que estoy haciendo y me sigue el juego. —¿Esa, cariño? Pero la anterior que vimos me parece mejor —señala, pasando la página. —Me gusta más e






