De repente, Olivia pudo sentir que le dolía el corazón por la joven frente a ella y tomó las manos de Lia con fuerza.
—No hay nada de malo en que te guste alguien—, dijo Olivia en voz baja. —Si hay que culpar a alguien, es a Maia—.
—¿Voy a seguir viviendo así por el resto de mi vida?—
—No, no lo harás—, respondió Olivia, sus ojos brillaban intensamente. —Has estado cargando con este secreto por tu cuenta todo este tiempo. Naturalmente, estarás cansada. Ya que estás dispuesta a confiarme tu secr