ARES BECKETT
Observé la escena con los brazos cruzados para impedirme pasar a la acción con las manos. Vi el momento exacto en que Rubi suspiró, derrotada por su propio corazón blando, y asintió con la cabeza.
— Está bien, Domenico. Haré el desfile mañana.
El diseñadorcito de tienda de barrio soltó un suspiro tan dramático que parecía acabar de ser rescatado de un naufragio. Sus ojos brillaron de alivio y abrió los brazos, dando un paso al frente con la clara intención de abrazar a mi esposa.
¡