RUBI MONTENEGRO
El domingo llegó y mi ansiedad ya estaba al límite. Apenas había pegado el ojo durante la noche, repasando cada actitud extraña de mi marido.
Estaba sentada en el borde de la cama cuando Ares salió del clóset, vistiendo un abrigo oscuro.
— ¿A dónde vas vestido así un domingo por la mañana? — pregunté, intentando mantener la voz casual, a pesar de que tenía el estómago revuelto.
— Necesito ir a la oficina a resolver un problema urgente, querida — respondió, acomodándose el cuello