ARES BECKETT
TRES DIAS DESPUES...
Fueron setenta y dos horas de pura agonia desde nuestra conversacion en el auto.
Hoy era el cumpleanos de Rubi, y la mansion estaba llena de invitados, accionistas y, por supuesto, la prensa que yo mismo me encargue de convocar el mes pasado.
Mientras esperaba al pie de la gran escalera del vestibulo, acomodandome las mancuernillas de mi esmoquin por decima vez, note que mi corazon latia a un ritmo notablemente acelerado. Yo, Ares Beckett, estaba sudando fr