RUBI MONTENEGRO
Llegamos al hospital y fui llevada de inmediato para hacerme una nueva resonancia magnética. Ares no soltó mi mano hasta el último segundo permitido por las enfermeras.
Después del examen, nos sentamos uno al lado del otro en el consultorio del Dr. Evant, esperando el veredicto. Ares movía la pierna de forma impaciente, claramente tan ansioso como yo.
Finalmente, la puerta se abrió y el médico entró con una sonrisa amplia y tranquilizadora en el rostro, sosteniendo los resultado