RUBI MONTENEGRO
Caminábamos lado a lado por las aceras iluminadas de París. El aire estaba frío, pero el calor del cuerpo de Ares tan cerca del mío me mantenía abrigada. La verdad, mi cuerpo entero aún hormigueaba y mi mente repasaba aquel beso en un bucle infinito.
Yo estaba totalmente a la defensiva. A cada paso, esperaba el momento en que hiciera alguna broma arrogante o intentara arrastrarme directo a la cama del hotel.
— ¿Te vas a quedar mirándome con esa cara de sospecha toda la noche? —