ARES BECKETT
La pequeña recepción que preparamos en el invernadero de cristal estaba en marcha. Solo nosotros, una música suave de fondo, copas de champán y las personas en las que Rubi realmente confiaba.
Yo no podía quitarle los ojos de encima a mi esposa. Rubi estaba radiante, platicando animadamente con Valentina cerca de la mesa del pastel.
Mientras la observaba, sentí una mano amable tocar mi brazo. Me di la vuelta y me encontré con Mary, con los ojos aún rojos de tanto llorar durante