RUBI MONTENEGRO
Ares se apartó para alcanzar la mesita de noche. Vi cómo rasgaba la envoltura de plástico, sacó el condón y lo desenrolló sobre su erección de forma rápida, sin apartar los ojos de mi rostro.
Volvió a posicionarse entre mis piernas, sosteniendo su propio peso sobre los antebrazos para no aplastarme y apoyó su frente en la mía.
— Voy a empezar. — Avisó y asentí.
Sentí su punta rígida rozar mi entrada húmeda. Cerré los ojos instintivamente y contuve la respiración.
Ares empez