—Octavio, sé que te preocupa Elena, pero deja de hablar tonterías.
Dolores forcejeó con violencia. —Soy su madre. Estás insultando mi amor por Esteban.
—¿Amor?
Él sonrió con burla, transformando sus manos en unas enormes garras afiladas de lobo que se fueron clavando en su hombro.
—No actúes ante mí. Sabía que algo andaba mal ese día, y ya investigué todo. Instigaste a Esteban a entrar al cuarto de Elena y lo hiciste tirar del borde más alto para poder culparla. ¿Crees que, por hablar dentro de