Olivia
Nos encontrábamos los dos dentro de la espaciosa tina, yo recostada en su pecho, mientras él masajeaba mis hombros con el jabón con aroma a lavanda. Me sentía más que relajada, estar en sus brazos era como estar en un refugio cálido y reconfortante, me sentía segura en ellos.
—Tengo miedo, Enzo —corté el silencio que había entre los dos.
—¿Miedo a qué, muñeca? —sus labios fueron a mi oreja y dejé