La sombra que una vez se cernió sobre la fortaleza de la familia Cavalli, una mansión que siempre había olido a opulencia y peligro, ahora parecía haber envuelto los corazones de sus herederos.
Ezio Cavalli, a sus veintiún años, se erguía ante la ventana del despacho de su padre. La ciudad Siciliana, antes un telón de fondo de sueños y travesuras infantiles, ahora parecía un tablero de ajedrez donde cada movimiento podía ser fatal.
A su lado, Elena, con dieciocho, repasaba con meticulosa atenci