Olivia
El gusto amargo de la victoria me invadía.
Dimitri, la rata escurridiza, se había escapado de mis manos.
Lo había dejado, sí, pero no sin antes asegurarme de que sintiera el filo de mi ira.
Estaba herido, lo suficiente para que sepa que esto no había terminado. Que esto, apenas comenzaba.
Salí de la ostentosa mansión de la Bratva, ahora bajo mi control, sintiendo el peso de las miradas de mis hombres.
Leales siempre a mí y a la mafia Cavalli.
La lealtad en este mundo es un bien efímero