Cuando Enzo llegó esa tarde a la fortaleza, una ola de emociones me invadió de inmediato.
No pude evitar echarme a llorar en su hombro, sintiendo cómo la tristeza por la pérdida de mi amigo Red se mezclaba con la tensión de lo que nos esperaba. La muerte de Red no solo representaba el fin de una guerra que nos había desgastado durante meses, sino también el inicio de otra mucho más peligrosa y oscura.
Mientras en sus ojos veía la rabia y la determinación, en los míos surgía un miedo profundo y