Capítulo 61. El precio del silencio
Mauricio jugó la única carta que podía aceptar. Apenas llegó Mimí, le pidió que contactara a Harry Collins, y como lo esperaba, el hombre accedió a atenderlo, en su casa, para después del almuerzo.
El despacho de los Collins olía a poder y dinero viejo: madera encerada, whisky añejado, y retratos familiares con marcos dorados. Lo curioso es que la mansión no era conocida por ser de la familia Collins, pertenecía a su esposa. Y ella jugaba bien su papel. En realidad era ella la matriarca d