Capítulo 56. Es mejor que no lo diga
Verónica subió al auto de Mauricio sin hablar.
La lluvia recién comenzaba, una llovizna fina que difuminaba las luces de la calle y hacía que todo pareciera un reflejo borroso de sí mismo.
Mauricio, al verla cerrar la puerta, le lanzó una mirada fugaz, entre cómplice y provocadora.
—Tranquila, abogada de corazón. No vamos a un secuestro, solo a un club.
Ella no sonrió.
—Me puse un vestido completamente indecente, mi madre no podía verlo.
Él sonrió complacido e iba a decirl